octubre 22, 2017

Diseñan revolucionario sistema de conservación de alimentos en la Politécnica de Valencia

Investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) han diseñado un nuevo sistema antimicrobiano para conservar alimentos basado en el uso de sustancias naturales como aceites esenciales de mentol, timol o carvacrol y que permite enmascarar olores y no incidir en sabores.


El dispositivo patentado por la UPV permite anclar las moléculas activas antimicrobianas de aceites esenciales a partículas nano o micro.

El dispositivo patentado por la UPV permite anclar las moléculas activas antimicrobianas de aceites esenciales a partículas nano o micro.


Lo novedoso del sistema, cuya patente fue presentada en julio por la UPV y está en fase de evolución, es que permite anclar a un sustrato las moléculas antimicrobianas y aprovechar así todo el potencial de estos aceites esenciales para la conservación de alimentos sin preocuparse de que generen olores y sabores.

El investigador del Grupo Cuina y director del departamento de Tecnología de Alimentos de la UPV, José Manuel Barat, ha explicado a EFE que la industria demanda cada vez más productos naturales que sean antimicrobianos y hagan las funciones de los aditivos.

“Estos productos ya se aplican actualmente, pero su utilización está limitada por la incompatibilidad de aromas y sabores. La principal novedad de nuestro sistema es precisamente que permite enmascarar los olores y no incide sobre el sabor del producto”, ha destacado Barat.

La mayoría de sistemas antimicrobianos existentes a día de hoy está diseñada para ser liberada, no para permanecer anclada al sustrato que los alberga.

“Las moléculas antimicrobianas se anclan y no se liberan, por lo que no aportan al medio donde se vayan a utilizar ningún tipo de aroma, puesto que sería un efecto indeseado. Sin embargo, sí que ejercen su función de conservante de alimentos y antimicrobianos”, ha remarcado.

Además, al estar anclado, el nuevo sistema evita la absorción del antimicrobiano cuando es ingerido; y, en algunos casos, es capaz incluso de potenciar la actividad antimicrobiana de las moléculas.

“Ello hace que el cuerpo en principio, no lo absorba sino que lo deseche con lo que el posible problema de toxicidad, se eliminaría”, ha apuntado, aunque ha advertido de que tienen que profundizar más en este beneficio.

Entre sus aplicaciones, podría utilizarse para reducir la carga microbiana de alimentos, especialmente líquidos, sin la necesidad de aplicar tratamientos térmicos o para desarrollar envases funcionales o de nuevos plaguicidas.

Los resultados obtenidos en la investigación apuntan a que la elevada concentración de antimicrobianos sobre las partículas en las que se anclan potencia su eficacia cuando entran en contacto con los microorganismos.

ROPAS Y TEJIDOS

Otra de las posibles aplicaciones del sistema sería anclar las partículas a superficies que pueden ser alimentarias o no, como ropas y tejidos para darles una actividad antimicrobiana que les permita así “matar microorganismos”.

“Sería interesante en envases en contacto con líquidos o superficies en contacto con alimentos o con el ser humano”, ha apuntado.

Ya existen superficies así pero usan nanopartículas de plata que “pueden migrar y resultar tóxicas”, según Barat, quien ha defendido que las partículas ancladas “no migrarían y no entrarían en contacto con alimentos o con la piel y se podría así reducir la toxicidad y mejorar las características de los productos”.

Barat ha explicado que actualmente trabajan en la línea de anclar nuevas moléculas a nuevas partículas “para ampliar el espectro de dispositivos”, así como en comprobar la eficacia de los antimicrobianos con más tipos de microorganismos.

Paralelamente, participan en un proyecto europeo para poner en valor estas aplicaciones orientado al mercado y están en la fase de “empezar a buscar empresas interesadas en el desarrollo encaminado a comprobar la viabilidad de aplicaciones reales en la industria”.

El nuevo diseño es fruto del trabajo conjunto entre el grupo Cuina-Departamento de Tecnología de Alimentos y el Instituto de Reconocimiento Molecular (IDM) de la UPV.  EFE

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